Nota del editor.
Hay personas que dejan una huella imborrable en la historia. Juan Calvino fue una de ellas. Naturalmente estudioso y con una mente brillante, la ambición de Calvino era dedicarse al estudio. Pero Dios tocó su vida en lo que él llamó su "conversión repentina". Obligado a abandonar su Francia natal, finalmente se estableció en Ginebra donde, con un breve descanso, se dedicó a reformar la iglesia y a pastorear a su gente. Pero en su vida, a través de amistades, cartas, libros y capacitación, su influencia se extendió por toda Europa y, con el tiempo, por todo el mundo. Lo que conocemos como cristianismo reformado o calvinismo fue su legado teológico y eclesiástico. Pero sus ideas sobre la vida cristiana, el gobierno civil y la independencia de la iglesia también han influido en el desarrollo de la sociedad democrática occidental. Bajo Dios, gran parte de lo que valoramos en el cristianismo protestante y en el mundo de hoy se debe a Juan Calvino.